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¿FAMOSILLOS? NO,GRACIAS

Los tiempos ya no son los que eran en el mundo de las discotecas. Ni en Xixón ni en Asturies.

Mi entorno sabe bien que siempre me manifesté en contra de dar de comer a vividores cuyo mayor mérito ha sido ir a un plató de televisión con ropa ajustada y peinado de Naruto, para dar voces e insultar al resto de los presentes. Sí, me estoy refiriendo a esa insoportable moda que se arrastra estos últimos años, de intentar llenarse los bolsos (no siempre se consigue) a costa de anunciar en el cartel de tu local la próxima presencia de una choni con tetas de plástico o de un cani que ha desarrollado en musculatura lo que se le ha quemado de cerebro.

“Es lo que vende”, dicen unos, o “es lo que le gusta a la gente”, dicen otros. En muchos de estos negocios ya no se tienen ni principios ni ideas, y por eso acaban fracasando hasta el punto de tener que recurrir a esta aberración social. Hace unos meses tenía pensado ir a un inauguración de un pub nuevo en la ciudad. Sin embargo, cancelé mi cita de inmediato cuando me enteré de que estaría presente una "barbie" de pastel de uno de esos programas. Precisamente el otro día, veo un cartel donde sale el nombre de un pedazo de DJ llamado Collective Machine, y cuando sigo leyendo, me encuentro una foto de un tipejo posando semidesnudo, acompañado del texto: Erik Riolobos, MYHYV... Desde luego, pobre Collective, figurando en un cartel que se queda a la altura del betún después de ese anuncio tan esperpéntico y tan hortera. Menudo bochorno y ensalada de ofertas. Arte musical frente a postureo rosa. A estas alturas y después de haber visto tantos carteles, ver uno así me resulta tan repugnante como bañar un chuletón de buey en un cuenco de chocolate a la taza. De la misma forma, cuando vino uno de mis DJs preferidos a pinchar a El Jardín, Wally López, resultó que también andaba por el evento un tal Abraham, de no me acuerdo qué programa basura de estos. (Fíjense lo que me interesaba, que me enteré días después de que habíamos coincidido juntos en los camerinos de la discoteca, cuando me presentaron a Wally).

"En muchos locales ya no se tienen ni principios ni ideas"

Las discotecas venden lo que se les quiera vender a los clientes, ya que estos van a seguir acudiendo si les gusta, y la experiencia me dice que la presencia de estos personajes rara vez va a condicionar el número de asistentes a un evento. Es cierto que a uno de los pubs que tuve, vinieron un par de personajes invitados un día, aunque fue debido a que mantenían amistad con el dueño; no obstante, me desvinculé públicamente de la promoción de esa fiesta y quedó todo en manos de los relaciones públicas, además de negarme a cobrar un solo euro al finalizar el evento. El acontecimiento no repercutió en absoluto en la afluencia de gente. Yo defiendo el arte de discurrir y hacer fiestas novedosas que llamen la atención, especialmente las fiestas temáticas; durante toda mi carrera me salieron muy bien las fiestas de ese tipo, sin necesidad de realizar la horterada de cartel de turno como los que se ven ahora, más propios de una portada de revista de prensa rosa que de una discoteca para jóvenes. El inconveniente de esto es que hay que trabajar más; exacto, TRABAJAR, pero claro, es más fácil no pensar, realizar una llamada telefónica aprovechándose del cosmopaletismo actual, y llenarle los bolsos al metrosexual o a la choni de turno. Todo sea por intentar mover al “postureo people” aunque luego no aumenten significativamente los beneficios, y sabiendo que no por ello vas a tener más clientes los sábados siguientes.

"Yo defiendo el arte de discurrir y hacer fiestas novedosas que llamen la atención, especialmente las fiestas temáticas"

“Pero es un negocio, Bolo”, me dijeron alguna vez. Vamos, como si yo no lo enfocase así, como si yo trabajase en las discoteca para perder dinero. Claro que veo un negocio, pero como en todas las empresas de la vida, creo que ha de existir una línea de trabajo, una filosofía, y unas ideas claras desde hace ya mucho tiempo. No creo que para hacer negocio tenga que hacer lo que hace el resto del rebaño empresarial y pasar la mayor de las vergüenzas ni llenar los bolsos de quien no lo merece. Otros, sin embargo, me han agradecido que no me haya convertido en otro simplón más. No estoy contra el famoseo en general, ojo. Si tengo que traer a un famoso a mi discoteca, lo hago, pero será un famoso que merezca serlo, que sea alguien que aporte a las sociedad y no un don nadie (un actor, un cantante, un DJ, un deportista...). Hay miles de opciones, pero el “discotequeo rosa” parece estar en su máximo apogeo. Y así acabamos llegando al lugar al que hemos llegado gracias a todos esos que pagan por esta bazofia: Belén Esteban publicando un libro, Rafa Mora que también está en ello, y Kiko Rivera sacando un disco. Pero lo más preocupante no es eso, ¡¡¡lo más preocupante es que la gente lo compra!!! Antes de ir a un evento de esos, pensad bien que vuestro dinero va a ir a parar a las cuentas bancarias de estos vividores, analfabetos en su mayoría que se ríen de todo el país y no aportan nada.

" Si tengo que traer a un famoso a mi discoteca, lo hago, pero será un famoso que merezca serlo, que sea alguien que aporte a las sociedad y no un Don nadie".